Hoy tengo la suerte de poder decirla alta y clara.
A pesar de que siempre he dicho que el mejor plan para un domingo es quedarse en casa viendo alguna película y así reponer fuerzas para el comienzo de semana, me estoy acostumbrado a salir con Raúl estos días ya que pocos son los momentos que podemos pasar juntos a lo largo de la semana.
Hoy después de un té aromático bastante rico en una terracita he tenido la brillante idea de poder disfrutar de la temperatura primaveral que está haciendo últimamente en un parque, viendo como los niños corrían, jugaban, saltaban y algunos ancianos charlaban en cualquier banco mientras observaban a sus nietos divertirse. Hacía tiempo que no iba a un parque tan repleto de niños, me ha hecho recordar mi infancia y con qué poco éramos felices y lo arrogantes y estúpidos que nos ponemos a veces cuando nos hacemos adultos.
Raúl, cogiéndome de la cintura creo que observaba de reojo mi cara, estaba verdaderamente ilusionada, y él lo intuía, o al menos eso quiero creer. Para mi era importante pasar un día así con él, saber si podría conformarse con unas gominolas en cualquier banco, o si sería monótono y aburrido bajo su punto de vista. He de decir que su actitud no me ha llegado a sorprender, parecía cómodo, es como si fuera algo que hiciera habitualmente, sólo nos mirábamos, reíamos, comíamos pipas y de vez en cuando nos besábamos.
Su sola presencia hace que se me nuble la vista, se acelere mi pulso, los ojos que miran pero no ven son incapaces de saber lo que siento, porque si no lo sientes no puedes entenderlo. No habla la voz de la experiencia, habla mi voz, la misma que te dice una y otra vez que sin ti yo ya no soy.
- No solo respirar es vivir -

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